viernes, 21 de julio de 2017

LA PAZ QUE SE PERDIO.
“UÑAS ENTERRADAS O ENCARNADAS...BEDOLLA”.
POR MANUELITA LIZARRAGA


    A causa de una molesta uña enterrada e infectada, con el rostro descompuestos por el dolor llegó la señora Elena a la clínica de Bedolla donde inmediatamente fue atendida por la especialista María del Rocío y en cuestión de minutos, la joven señora estaba sonriente...el dolor había desaparecido y Bedolla le daba indicaciones que debía tener para sus pies; ya que por lo menos, dice el especialista, una de cada tres personas padece este mal de las uñas enterradas motivado a que por el mal hábito de convivencia con sus pies se les somete a todo tipo de maltrato porque a menudo se aprisionan en incómodos y mal diseñados zapatos, a veces por el simple deseo de estar a la moda, y por supuestos las primeras víctimas de este descuido son las uñas.

    Continuó diciendo la señorita Bedolla que la prevención es el mejor remedio para esta terrible dolencia por lo que le recomendaba a la señora Elena la atención periódica a sus pies visitando a su pedicurista, apartando con tiempo su cita al 1220638. Muy interesada la señora escuchaba la ilustración que Bedolla le daba quien continuó diciendo que a causa del calzado incómodo, las uñas crecen hacía el frente desde una matriz que está detrás de la cutícula, la que tarda hasta 120 días para que esta crezca, hasta la punta del dedo; pero si hay una anormalidad como infecciones o uñeros enterrados, entonces el ritmo de crecimiento se altera tanto en tiempo como en forma; por lo que ella recomienda que en caso de infección no debe tratarse en casa, sino acudir de inmediato al especialista, pero lo más importante reitera, es la prevención. Terminó diciendo la señorita Bedolla.

    Caminando como entre algodones salió la señora Elena y dijo estar muy satisfecha y que el mejor regalo que le dará este día de las madres a su mamá y su suegra es un pedicura altura con Bedolla, ya que son diabéticas y padecen de pie diabético con lo que se previno y les apartó su cita con tiempo.

    Bedolla Pedicura sinónimo de salud para sus pies cansados.


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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“EL NIÑO ALEJANDRO QUIERE UNA FLOR”.


    En el panteón del legendario e histórico San José del Cabo...tierra de leyendas y del rebelde pericú, de virtuosas mujeres hermosas, perdida entre un montón de tumbas se encuentra un antiguo mausoleo que en su lápida siempre tiene una fresca y perfumada flor, llamando la atención su epitafio:


EL NIÑO ALEJANDRO QUIERE UNA FLOR.


    Nadie supo quién era ni de dónde vino, solo que desembarcó de un vapor un día, en la aguada segura, ahora Estero de San José, un lóbrego y rústico ataúd...quienes vieron el extraño desembarco sorprendidos quedaron al ver la tristeza y profundo sufrimiento reflejados en los desencajados rostros de sus padres, que nada más a eso llegó el barco a San José del Cabo para sepultar a su único hijo de ocho años muerto en alta mar por no sé qué rara enfermedad de la época;  y continuaron su camino en busca de “El Dorado”, el auge del oro en California.

Cuenta la leyenda que en aquellos álgidos tiempos de la piratería, invasiones, saqueos indiscriminados de las riquezas naturales de California, entre tantas otras cosas, un vapor con su cargamento humano y demás mercaderías surcaba las embravecidas olas rumbo a San Francisco California, atraídos por el auge del oro...cuentan los mayores que el gran vapor había perdido el rumbo, llevaban meses y meses navegando entre mar y cielo, y no se avistaba un lugar seguro para desembarcar....los pasajeros y demás tripulantes venían enfermos...la desesperanza se reflejaba en sus rostros, ya sin fuerzas para seguir adelante, entre todos venía un matrimonio con su hijo Alejandro de ocho años de edad.   El niño estaba muy enfermo. Rodeado de toda la tripulación lo inundaban de plegarias. Él sabía que iba a morir y les dijo a sus progenitores: “Padres, los quiero mucho, sé que pronto voy a morir y les pido que me concedan el deseo de sepultarme en tierra, no me arrojen al mar, que aterra que los animales marinos me coman”. “Pero hijo, tu no vas a morir”, dijo la madre, “al parecer moriremos todos, porque el barco anda perdido”.... Y el niño cerrando sus ojos, dijo “No madre, llegaremos a tierra, veo un hermoso jirón de tierra parecido al paraíso inundado de palmeras y demás vegetación de blanquísimas arenas que brillan con el radiante sol, bañadas por todos lados por las olas y el rugir del mar donde el agua dulce fluye a raudales y sus habitantes son buenas personas y cordiales...ahí quiero que me sepulten”. Y terminando de decir esto el niño exhaló el último aliento...los padres se soltaron en llanto y la tripulación asombrada, gritaba, esperanzada, “!Es una profecía del niño Alejandro!, llegaremos a tierra!”, “no”, decían otros, “estaba delirando por la calentura”, y las laboriosas manos de los carpinteros abordo empezaron a construir el rústico ataúd, luego depositaron el pequeño cadáver del niño Alejandro y el capitán dio inicio al ritual de sepultura en el mar, en el marco de rezos y llantos...No, esperen, decía su madre, implorante, llegaremos a tierra porque el niño así lo predijo, fue su última voluntad, que no lo sepulten en el mar. Y cuenta la leyenda que cuando a punto estaban de lanzar el ataúd al mar, se avistó en la distancia, serranías y palmeras y todos al unísono gritaban “¡tierra!, ¡tierra! Gracias a Dios”... era la aguada segura, el estero de San José del Cabo, donde llegaban todos los barcos de la época. Así  fue como llegó el ataúd con el niño Alejandro, el niño profeta decía la gente...toda la tripulación acompañó  el cortejo fúnebre donde le dieron cristiana sepultura ante los asombrados ojos de los habitantes de este hermoso pueblo josefino, cumpliendo así sus padres el deseo del niño Alejandro poniendo en su lápida el sencillo epitafio, ALEJANDRO QUIERE UNA FLOR. Y continuaron su camino rumbo a El Dorado el sueño del oro en California. Y la tumba del niño Alejandro siempre tiene una fresca y perfumada flor, que algún turista o visitante josefino, al posar su mirada en la lápida cumple los deseos del niño Alejandro, pidiendo una flor.  …Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir… *Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*







LA PAZ QUE SE PERDIO

POR MANUELITA LIZARRAGA

“LA ANIMITA DEL DIFUNTITO DE SAN JOSE DEL CABO”.

·        EL DIFUNTITO DE LA SALINA, TAMBIEN LE DICEN
·        ES UNA PEQUEÑA TUMBA LLENA DE OFRENDAS, MUY VENERADA EN ESPECIAL POR LOS PESCADORES
·        LA ANIMITA DEL DIFUNTITO ESTA UBICADA EN DONDE FUE EL RANCHO LA CACHORA, ENTRE SAN JOSE DEL CABO Y LA PLAYA
·        ERA UN BEBE SIN NOMBRE TODAVIA...Y LA GENTE LE ATRIBUYE MILAGROS...EN EL CICLON DEL 18 FALLECIERON SUS PADRES Y EL TAMBIEN.


Cuentan los mayores que el devastador ciclón del 15 de septiembre de 1918 el que duró tres días y azotó en la mayor parte del territorio de BCS...y en San José del Cabo además de que derribo la antigua misión, entre otros importantes edificios, hubo muchos estragos y pérdidas de vida, entre ellas El Niño sin nombre y sus padres, a quienes los arrastró las turbulentas aguas del arroyo...aquel 15 de septiembre de 1918, el crepúsculo era demasiado rojo y bello, preludio de un huracán, decían los que muchos saben y el ocaso fue tan negro como el ala de un cuervo, y los vientos arreciaban poco a poco...nadie se imaginaba lo que vendría poco después...las familias josefinas se vestían con sus mejores galas para acudir a la gran fiesta que se celebraba en un uno de los ranchos aledaños; hermosas fiestas del pueblo tan alegres y tan sanas y desde luego que los padres del niño sin nombre quienes habitaban en el rancho las cachoras también asistieron con sus bebé en brazos apenas de 9 meses de nacido, y cuentan que su hermanita mayor se quedó en casa con sus abuelitos, fue por eso que se salvó de morir arrastrada por la corriente del arroyo.

...Eran como las siete cuarenta de la noche...la fiesta estaba en todo su apogeo y la alegría se desbordaba...la gente bailaba al compás de bellas notas musicales arrancadas a las cuerdas y guitarras de violines, vientos huracanados con fuertes lluvias se empezaron a sentir, en los brazos de su madre, el niño sin nombre lloraba como presintiendo la tragedia que se avecinaba...a las ocho y minutos de la noche, el viento era ya incontenibles y el aguacero torrencial...los llantos del niño se perdían en aquel ruido infernal. Los señores alarmados, gritaban, “Esto es un huracán”, las mujeres se santiguaban...y algunas familias salían despavoridas tratando de llegar a sus hogares para guarecerse del terrible meteoro, entre ellas, los jóvenes padres del niño sin nombre, que con él en brazos, trataban de llegar a su rancho Las cachoras, antes de que arremetiera toda la furia del huracán del 18, pero nunca llegaron, los alcanzó el arroyo y las embravecidas aguas le arrebataron al niño de sus brazos llevándolos lejos de ellos

...los árboles caían levantados de cuajo y las caudalosas aguas arrastraban todo lo que encontraban a su paso... ¡la furia de la naturaleza estaba desatada! Y en la casona iluminada por la luz de San Thelmo donde momentos antes todo era alegría, ahora era incertidumbre, temor y negros presentimientos....era el caos, estaban atrapados...tres días duró el huracán del 18; 15,16 y 17 y el 17 como a las ocho de la noche, empezó a amainar, ya para la mañana del 18 todo era silencio, destrucción y muerte.

Los josefinos empezaron a buscar sobrevivientes y muertos los que fueron varios, entre ellos los padres del bebé sin nombre, pero al niño no lo encontraban, lo buscaron por varios días, ¡y nada!...y cuentan que un grupo de pescadores ya estaban exhaustos de tanto buscar, y que se hincaron e imploraron a Dios y al mismo niño sin nombre, que apareciera su cadáver para darle cristiana sepultura y que al parecer sus oraciones fueron escuchadas, porque a unos pasos de donde ellos oraban, entre unos matorrales retorcidos por las fuerzas de la naturaleza, estaba el cadáver desnudo del pequeño sin nombre, pero lo sorprendente era que a pesar de los días de muerto, no estaba en estado de descomposición; los pescadores tomaron el pequeño cuerpecito, lo envolvieron en una manta y ahí mismo lo sepultaron...y cuentan los que saben de esto, que a partir de entonces se fue tejiendo la leyenda de la animita del difuntito de San José, los pescadores al salir a pescar tenían que pasar por la animita del difuntito para encomendarse a Dios y al niño, con gran devoción para que les fuera bien en la pesca, y le hacen peticiones y en enfermedades que les aquejan, los que según les concede como lo demuestran las ofrendas que tiene la tumbita.

Cuenta Doña Rosita Castro que la animita del difuntito es un punto de fe y referencia para los lugareños, en especial para los hombres del mar, quienes en su mayoría no salen a pescar si no pasan por la animita y se encomiendan al difuntito como también le dicen para que les vaya bien en sus actividades para lograr buena pesca, que desde el ciclón del 18 los pescadores y los josefinos lo adoptaron como su ángel de devoción y por generaciones hasta la fecha lo veneran terminó diciendo la dulce viejecita.

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*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*



LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“EL TUNEL DE LOS ACAPULES, Y SUS LEYENDAS...DE TESOROS DE AHORCADOS Y APARECIDOS”.


·         LOS ACAPULES ERAN LOS UNICOS ARBOLES DE ESA NATURALEZA EN TODA LA PENINSULA...ESTABAN PLANTADOS EN SAN JOSE DEL CABO...Y EL HURACAN JULLIETE SE LOS LLEVO.



Los legendarios árboles de más de cuatrocientos años, los que fueron plantados por los piratas según las leyendas, se los llevó el huracán Julliete...los arrancó de cuajo y ni sus rastros dejó. Simplemente ya no existen...la furia del viento y de las aguas los arrastró...eran enormes, estaban de lado y lado del camino, que parecían que pasaba uno por un túnel rumbo a la playa...sus troncos eran anchísimos como de diez metros o más cada uno y de 20 a 30 metros de altura....su espejo follaje era muy peculiar...las raíces les nacían de los brazos y se iban sepultando en la tierra, quedando como fuertes troncos dando la impresión que eran personas ahorcadas, por eso le decían el túnel de los ahorcados...ahora ya no existen, gracias a Julliete. Estos árboles eran un atractivo turístico y estaban protegidos por el INAH. Ahí se ve la magnitud de la violencia del huracán Julliete. Estos históricos árboles habían resistidos todos los huracanes que azotaron la península y que se tenga memoria registrada por los padres Jesuitas son: en 1716, en que el padre Juan de Ugarte pasó 24 horas sobre una peña durante el fuerte huracán que devastó todo lo construido hasta entonces. En 1740, hubo otro huracán el que abnegó toda la California y sus fuertes vientos arrebataron a un joven de 16 años llamado Mateo, según el último de los gigantes que quedaban en la península, así como hundió 4 embarcaciones que andaban en la pesquería de perlas y que según el padre Ugarte en 30 años que tenía en la península nunca había habido un huracán de esta magnitud y para esa fecha ya estaban plantados los acapules por los piratas allá en San José del Cabo, la tierra del rebelde pericú.

     Estos hermosos árboles resistieron también el embate de los ciclones de 1895, el cordonazo del 04 de Octubre de 1911, el de 1918, los que se creen que fueron los más devastadores, entre otros antes de Julliete. Durante una visita que realicé al paradisiaco San José del Cabo el anterior mes de Agosto, tuve la fortuna de tomarles algunas fotos a estos hermosos árboles de leyenda...ahora quedaron para la historia. Aquella cálida tarde de verano, Don Manuel Salvador Castro Saiza, nativo de San José del Cabo, propietario de los predios donde estaban los Acapules, dijo, que su abuelo Don Teodoro Ruiz quien murió de 120 años, fue el dueño de estas tierras también y le contaba que su padre, o sea, su bisabuelo, conocía la historia de los legendarios acapules, sus espantos y sus leyendas. Que eran los tiempos aquellos en que los mares del Golfo de California y el Mar de Cortéz surcaban galeones piratas en busca de la nao de China y otras flotas españolas e inglesas para abordarla y hurtar sus riquezas...así como venían atraídos por la leyenda del país de las perlas, del oro y plata de mujeres amazonas. Cuentan que en una ocasión el temible pirata Tomás de Covendish con un negro historial pirático había navegado a lo largo de las costas de Chile, Perú y la Nueva España, donde había consumado grandes saqueos hundido más de 20 embarcaciones, saqueado e incendiado todas las villas y pueblos que había visitado. Covendish, con una flotilla de 3 galeones habiendo doblado el extremo austral de la América subió por toda la costa cometiendo toda clase de atentados sin lograr gran cosa en esa ocasión; pero que en el mes de Octubre de aquellos años llegó a Cabo San Lucas y se quedó a camelar al galeón de Manila, el Santa Ana, al que asaltó con sus corsarios y el que traía un valiosísimo cargamento de 700 toneladas en efectos y metálicos.

Cuentan que el Santa Ana era una verdadera fortaleza, pero venía tan cargado, y como con 400 pasajeros que no pudo maniobrar la defensa. El asalto de los piratas fue un éxito, y el barco con su valiosísimo botín fue llevado a San José del Cabo, antes la aguada segura, o esa, el estero de San José, el que era habitado por indios pericues. Allí fueron bajados a tierra como 200 supervivientes, y murieron en la batalla otro número igual de pasajeros. Ante el asombro de españoles e indios los piratas cargaron sus tres galeones con el fabuloso botín. Pero era tanto, que no cupieron todas las riquezas y tuvieron que dejar bastantes. Cuentan que los temibles piratas llenaron con oro, plata, perlas y otras cosas preciosas montones de barricas, baúles y grandes jarrones de bronce, los acarrearon en hombros, perdiéndose entre los acapules de los esteros. Que echaban y echaban viajes a ocultar los tesoros, pero que de pronto Covendish se dio cuenta que una de las pasajeras cautivas que venía procedente del Brasil, otros dicen que del Perú, traía dos hermosos árboles muy raros, que eran los acapules, los que cuidaban celosamente cubriéndolos con su manto y el pirata le arrebato el manto con lujo de violencia diciéndole ¿ que os esconder ahí?, y la joven sin contestar sin una palabra los cubría más con su cuerpo y ante la sorpresa del pirata eran los acapules, los que le arrebató; y dijo, estos árboles raros serán la señal de donde están sepultados mis tesoros. Y como la mujer se resistía a soltar los árboles ordenó que se la llevaran también rumbo a los tulares donde estaban enterrados los tesoros para plantar los árboles sobre ellos y como la mujer seguía ofreciendo resistencia y venía maldiciendo al pirata diciéndole que nunca encontraría sus tesoros y que ante su vista los árboles desaparecería, que estas riquezas serían encontradas por una persona de corazón noble.

     Esto enfadó tanto al cruel pirata, que tomándola de los cabellos, la colgó en un árbol que estaba en la vera del camino junto a donde plantó los acapules, los que eran pequeños en ese tiempo, hace casi cuatrocientos años atrás. Cuentan la leyenda que Covendish, después de consumar el espantoso crimen, enterrar sus tesoros y sembrar los árboles, incendiaron el barco, y levaron anclas  quedando la gente abandonada entre los indios, quienes afortunadamente no eran hostiles, y los ayudaron a sofocar el fuego y a la reparación del Santa Ana, en el que después de un tiempo pudieron regresar a su lugar de origen y contar los hechos. Entre estos pasajeros iba Sebastián Vizcaino quien en ese tiempo era comerciante y quien después de algunos años conociendo el camino, volvió para bautizar con el nombre de La Paz a este bello puerto.

Dice Don Manuel Salvador que a través de los siglos estos tesoros de los acapules fueron afanosamente buscados por piratas y aventureros, pero que los árboles tenían como un encantamiento, o quizás era la maldición de la mujer ahorcada, por cierto la primera ejecutada por ahorcamiento en la península, ante el asombro de los indios que no conocían esta manera de morir. No todos los que buscaban el tesoro del pirata tenían la fortuna de encontrar los árboles y los que lo hacían escarbaban y no encontraban nada, incluso el mismo Covendish los buscó durante toda su vida y se le perdía el camino, y así fue trascendiendo la leyenda de los acapules a través de los tiempos. Otros cuentan que a los cautivos de los galeones asaltados por piratas, los colgaban en estos árboles por ser tan grandes y raros, en tiempos de revueltas y revoluciones, los acapules era el lugar de las ejecuciones, fueron muchos los colgados en esos árboles, que hasta los mayores contaban que las raras lianas que colgaban de sus brazos eran las almas de ahí colgados y que en noches de luna simulaban sus cuerpos. El túnel de los ahorcados les decían a los acapules...fueron muchos los espantados por esos caminos a través de los tiempos...Don Manuel Salvador cuenta que una noche de luna andaba regando la huerta...eran como las doce de la noche, y de repente entró un fuerte y helado airecillo...los perros aullaban lastimeramente, y de pronto entre los troncos de los acapules se escuchaba un lastimero llanto y luego unos estertores agónicos, soltó el azadón y se quedó expectante, la piel se le enchinaba y el corazón parecía que se le salía del pecho...se quedó como hipnotizado viendo los acapules...de pronto, de entre los árboles salió una alta mujer vestida de largos y blancos ropajes envuelta en un manto blanco también que lo volaba el viento...fue cosa de instante...era una figura etérea que sus pies no pisaban el suelo...se fue metiendo entre los troncos de los acapules y desapareció...los perros callaron y todo quedó en silencio, nada más escuchaban el ruido del agua y el silbar del viento...fue una experiencia que nunca ha podido olvidar.

 Dijo Don Manuel Salvador que él no se quedó conforme porque aquello le hizo sentir miedo y decidió convencerse que no era cierto lo que había visto, y seguía regando la huerta a la misma hora, con la oscuridad de la noche y de lunas plateadas daba la impresión de que las lianas colgantes eran cuerpos ahorcados, pero él se mantenía firme, quería volver a ver la aparición y que no lo agarrara por sorpresa...pero a los pocos meses de aquel suceso venía él de San José del Cabo y forzosamente debía de pasar por el túnel de los acapules...todavía era temprano, apenas las penumbras y el ya no se acordaba de aquello...cuando de pronto la divisó....la mujer iba flotando dentro de él...el caminaba un trecho  y se paraba y la mujer se detenía también entonces él caminaba más recio como para dejarla atrás, pero también ella arreciaba el paso, hasta que llegaron a donde está una virgencita y la mujer se paró allí y él también y pensó no voy a parpadear porque se me va a perder...clarito escuchaba el palpitar de su corazón de pronto sintió una fuerte y rara comezón en los ojos que se tuvo que rascar y en ese parpadeo se le perdió junto a la virgen.

Otra experiencia de terror en el túnel de los acapules le paso a son Jesusito. Aquella tarde, ya a la oscurezca, don Jesús venía del pueblo rumbo a su rancho, llevaba las mulas cargadas de mandado, cuando pasaba por los acapules las lianas se empezaron a mover con el rítmico vaivén de los ahorcados, lo raro era que no hacía viento luego se escucharon estertores agónicos y una tronazón de huesos que caían al suelo. Las mulas salieron despavoridas, y a Don Jesús lo agarraron entre dos piratas y lo azotaron en el suelo una y otra vez hasta que lo soltaron. Jamas volvió a pasar de noche por ese lugar y prometio poner una virgen a la orilla del camino. Promesa que cumplió. Dice don Manuel salvador que en otra ocasión estaba sentado en las trancas del corral mientras regaba, cuando de pronto escucho un estruendo muy fuerte y no le hizo caso...los acapules estaban llenos de frutos, y luego pego otro ruido mas fuerte y a los pocos minutos vino un fuerte remolino que dio varias vueltas a los acapules hasta que cayeron al suelo haciendo un gran estruendo desconocido para el...que era como vaciaron montones de metales al tiempo que llantos, lamentos y ruidos de huesos, esa vez se asusto tanto al ver los arboles en el suelo con las raíces para arriba, que salió huyendo despavorido, y conto en su casa que los raros arboles habían sido derribados por el viento. Otro día que fue a la huerta cual seria su sorpresa que los acapules estaban en su lugar tan erguidos y hermosos como siempre pero todo el fruto estaba regado en el suelo parecía una gruesa alfombra. Son muchas las leyendas que cuentan de los acapules y muchos son los espantados que han intentado encontrar el gran tesoro del pirata Covendish hubo valientes incrédulos que pasaban la noche retando al mas allá pero otro día los encontraban con los cabellos encanecidos hablando incoherencias...de los aventados que pasaron la noche ahí cuentan que hubo uno que vio fondeado un gran galeón de cinco mástiles y otro que se incendiaba sorprendido se quedo oteando la lejanía y de repente saltaron a tierra una procesión de hombres vestidos como piratas con baúles y barricas en los hombros dirigiéndose a donde el estaba y al frente de ellos traían una mujer envuelta con un manto blanco...no lo penso dos veces y puso pies en polvorosa. Otro día fue a buscar rastro de los barcos y de los piratas pero no había nada.

Son leyendas muy bonitas pero lo cierto es que los acapules en San José del cabo ya no están...se los llevo el huracán Julliete.


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*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*



martes, 18 de julio de 2017

LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA

“LENCHA, LA ANIMITA DE SANTIAGO”.


·         Los habitantes de Santiago y de distintas partes del Estado de BCS le atribuyen milagros.
·         Florencia Cadena Burgoín fue su nombre.
·         Lencha era nativa de Las Cuevas  y murió de sed sentada bajo la fronda de un viejo ciruelo en Agosto de 1905.
·         Su tumba está en el arroyo de Santiago rumbo a la Sierra y siempre es muy visitada por personas que les concedió algún favor, y le llevan ofrendas, desde una botella de agua para calmar su sed, hasta vestidos de novia.


Cuenta la leyenda que un día de verano de los años aquellos, de principios del siglo pasado, salió Lencha de su casa en Las Cuevas, rumbo a Santiago, con la finalidad de atender un parto, porque ella además de partera, era curandera... Eran tiempos de sequías...el sombrero de alta copa tejido de cogollo de palma no lograba mitigar los fuertes rayos solares que inclemente pegaba en su moreno rostro, de bellas facciones, jóvenes aún...el sudor escurría generoso desde su amplia frente por todo su juncal cuerpo en el que se le pegaban los largos ropajes dificultando su andar...las huellas de sus pies calzados por mocasines iban quedando plasmadas en las recalcitrantes arenas del arroyo grande...luego dirigió sus pasos por el margen del arroyo de Santiago...las blancas arenas centellaban con el radiante sol que aunado al sudor que escurría por su rostro, cegaban por momentos su mirada... llevaba los labios partidos por la sed... su andar era ya lento...Lencha llevaba mucha sed e iba perdiendo el rumbo del camino... el ruido de sus pequeños pies hacían crujir las ramas secas, que no lograba apagar el fuerte jadeo motivado por la fatiga que le causaba, además del fuerte sol, y tanto caminar, el peso del bulto colgado en sus hombros conteniendo sus implementos de trabajo; como remedios, tijeras para cortar el cordón umbilical, aceites, pabilo para amarrar el mismo cordón, entre otras cosas necesarias para su humanitario oficio.

Lencha, había salido de Las Cuevas e iba a las tierras del rebelde Pericú...Santiago...la sabia mujer ya había perdido por completo el rumbo...de pronto, cuando su mente empezaba a divagar recordó la cañada de “Los Chorritos”, donde generosa fluía el agua como un manantial...con esa esperanza en su mente, sacó fuerza de donde pudo, y arrastrando los pies con sus últimos alientos se encaminó hacía la cañada de Los Chorritos... la pobre Lencha nunca pudo llegar, porque entre más caminaba más se alejaba del camino perdiéndose por completo...ante su extraviada mirada danzaban los cardones implorando al cielo unas gotas de lluvia y las ramas secas parecían almas en pena a su alrededor.

Exhausta, deshidratada por el fuerte sol, y la falta de agua, Lencha se sentó bajo la fronda de un viejo ciruelo.... tenía la mirada perdida y sus labios ya resecos... no tenía fuerza ni para soltarse el colgajo que llevaba al hombro.... con la mirada puesta en la lejanía con la preocupación de que no llegaría a traer a aquel niño al mundo, Lencha expiró su último aliento.... quedó sentadita bajo el ciruelo...murió de sed.

Al paso de los días, un joven que andaba campeando la encontró. Los pocos habitantes de la época acudieron consternados junto con las autoridades y le dieron ahí mismo cristiana sepultura, levantando un humilde montículo de tierra y una sencilla cruz bajo el ciruelo, el que al paso de los años, un terrible huracán derribó respetando la Tumba de Lencha, la animita de Santiago, y así los huracanes se iban de paso y los arroyos se abrieron en dos, para no dañar la tumba de la mujer que murió de sed, cuando salió un día de Las Cuevas rumbo a Santiago.


Por el sufrimiento que padeció, y por muchas otras cosas que a las personas de Santiago les pareció fuera de lo normal, a Lencha le hacían peticiones y promesas sobre cualquier enfermedad que padecían y que padecen y al parecer se las cumplen y les llevan ofrendas desde una botella con agua hasta vestidos de novia y otros implementos nupciales y así se fue tejiendo la leyenda de la animita de Santiago...cuentan que entre tantas peticiones cumplidas en una ocasión, que en la inmensidad del océano andaban a la deriva cuatro pescadores rodeado de tiburones y estaban en un inminente peligro  y se encomendaron a Lencha y de milagro salvaron la vida; otra, que a una joven señora le dieron más de treinta puñaladas y la tiraron al monte, quedando su cuerpo muy herido cerca de la tumba de Lencha, y la señora con su último aliento le pidió que si le salvaba la vida, le iba a hacer su tumbita.

...La señora apuñalada se salvó, y le cumplió a Lencha; le hizo su lápida donde acude fervorosa la gente de Santiago y de otras partes también a visitar la tumbita de Lencha y llevarle alguna ofrenda.... A veces son unas flores, una veladora, en otra, una botella con agua, así como cabellos y zapatitos de niños, cordones umbilicales, entre otros que pueden apreciarse.

.... caminante, si pasas por la tumba de Lencha rumbo a “Los chorritos”, la que es respetada por arroyos y huracanes, llévale una botella con agua y eleva una plegaria...y si tienes algún problema de salud, encomiéndate a Lencha y seguramente te concederá tu petición…

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LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“DOÑA VICENTA VARGAS HIGUERAS Y SUS GRATOS RECUERDOS DE SAN PEDRO DE LA PRESA”.


         Aquella ardiente mañana de verano, en la tranquilidad de su hogar rodeada de sus seres queridos la encantadora muchacha de cabellos plateados Doña Vicenta, entornando los chispeantes ojos aun, para recordar lúcidamente el pasado, aquel maravilloso pasado que le tocó vivir en su infancia en San Pedro de La presa al lado de sus mayores y en donde dice fue tan feliz...todo aquel entorno en sus ojos de niña le parecieron muy bellos al lado de una sabia abuela como le tocó vivir, pues más hermosos recuerdos guarda de su lugar de origen, familiares y amigos así como de este bello y paradisiaco puerto de La Paz.

         En aquellos años dice, en San Pedro de La presa, había una hacienda muy grande, hermosa y productora donde trabajaba mucha gente, la hacienda era de los Hermanos de La Toba, Rodolfo, Ricardo y Alfonso, hombres muy trabajadores, era agrícola y ganadera se cosechaba en abundancia la caña y la uva...se fabricaba el lino y había trapiches para la producción de panocha, en grandes cantidades, se perdía la mirada contemplativa en las grandes extensiones de tierras sembradas de cañaverales, viñedo, olivos, higueras, naranjos, y demás árboles frutales, y grandes cantidades de cabezas de ganado pastaban alegremente en las praderas…sus gentes vivían muy felices, la mayoría de hombres y mujeres sabían tocar la guitarra, la que no debía de faltar en cada hogar ya que vivían tan contentos que siempre estaban festejando algo, cualquier motivo era pretexto para estar de fiesta, bodas, bautizos, cumpleaños, día de la virgen, pero principalmente en la cosechas....


!Era un encanto todo aquello en San pedro de la presa!...todo era felicidad, cuando la cosecha de la caña era una fiesta y cuando hacía la panocha y todos sus derivados también había que festejar y venía gente de todos los pueblos a llevar panocha y los bailes duraban hasta ocho días.....pero lo que más le gustaba a Doña Vicenta, dice, era cuando la producción de vino o llenada de barricas....su tío Miguel Higuera era el que hacía el vino en San Pedro de la presa...era famoso en toda comarca por este arte de hacer el vino....y para festejar la llenada de barriles de vino, los que eran muchísimos, su tío Miguel invitaba a  toda la muchachada que trajeran sus guitarras para emborracharse de vino, y empezaba el baile, todo el mundo, bebía, cantaba y bailaba...amanecían por todos lados los jóvenes borrachos de vino y de alegría...luego Miguel mataba un chivo o una res y hacia caldo para la cruda y agarraban fuerzas nuevamente y continuaba la fiesta hasta ocho días...barricas y más barricas se bebían....Doña Vicenta tenía doce años y ya sabía tocar guitarra y música de boca....bonitas melodías le arrancaban a las cuerdas musicales....la gente del campo dicen, desde que nacen nomas empiezan a caminar y ya están bailando, parece que nacen con la música y el ritmo en el cuerpo....que decían los antiguos que era herencia de los antiguos californios porque festejaban todas sus cosechas....este arte de tocar y cantar es transmitido por los mayores de generación en generación, así como todos los conocimientos para hacerle frente a la vida.

La Hacienda de los De la toba en San pedro de la presa era una escuela de las artes manuales y oficios para cubrir la mayoría de las necesidades de los habitantes de aquella época, todo era hecho por propia mano...desde labrar la tierra la costura, el bordado, tejido, curtiduría de pieles, para la elaboración de calzado, cueras, y todos los habíos que el ranchero y el caballo necesita, se fabricaban jabón, telas y almohadas de lana de borrego, así como suaderos, sombreros, trastos de barro, en fin todo tipo de utensilio para las necesidades diarias. Abundaba el dinero en la casa grande. Los trabajadores vivían bien, eran muy sanos es más, la gente ni se enfermaba y las pocas enfermedades que habían ellos mismos las curaban con plantas medicinales, ya que también era un conocimiento transmitido de los mayores.

Como sabia cosita su abuela Luisa, dice Doña Vicenta, era una gran mujer muy servicial y solicitada para echar las varillas en busca de tesoros. Ella se crio al cuidado de su abuela a la que le encantaba recolectar raíces semillas sayas, y frutos silvestres para poder comer al estilo indio, así como sacaba enjambres de miel de abeja los que abundaban en el monte y ella feliz le acompañaba en esa gran hacienda que hubo en San Pedro de la presa y de la que guarda gratos recuerdos, abundaba la riqueza....toda la producción de la tierra por tonelada, como queso, cueros, carne seca, vino, frutas, legumbres, panocha, miel, granos, ganado, trabajos artesanales, etc., lo sacaban a vender por aquellos pedregosos caminos en carretas tiradas por mulas  rumbo a La Paz y por vía marítima por Los Dolores, San Evaristo, los burros, etc.,




Los hermanos de la Toba tenían fama de que a los alrededores de la hacienda enterraban el dinero, producto de la venta de ganado y demás cosas, ya que ellos eran solteros; y además su abuelita y ellos sacaron un gran tesoro de los antepasados y le pagaron con oro. Doña Luisa Talamantes compró varias mancuernas de reses, y se vinieron a caballo por aquellos pedregosos caminos a vivir a La Paz cuando empezó la gran sequía del 33, la que duró más de siete años, para entonces, Vicenta tenía 13 añitos y la había a su abuela a sacar el gran tesoro de la hacienda de San Pedro de La Presa.

A Vicenta le pareció tan bella La Paz cuando llegaron a ella, seguidos de las mancuernas de reses mugiendo...parecía un rancho grande La Paz, había muchas huertas con árboles frutales, molinos de viento, hermosos jardines de abundantes flores y la bahía de La Paz lucía hermosísima inundada de embarcaciones de vela....que encanto para Vicenta!; se fueron a vivir al Barrio El Choyal, había pocas casas, más bien parecía un ranchito...luego luego su abuela se dio a conocer además por su modo tan bonito por su arte de echar las varillas, y porque era muy buena costurera, de las que hacía ropa para toda la familia, así como hermosos tejidos de gancho y bordado como era la usanza antes, de eso vivían y del producto del ganado. Fueron muchas partes aquí en La Paz donde su abuela Luisa buscó tesoros con las varillas....encontró varios, pero algunos no fueron sacados por envidias o por pleitos, o porque eran muchas e insoportables las apariciones y tenía que suspender la obra.

Como por ejemplo el tesoro del barrio de La Pedrada, al que llegaron a él, pero le llovían muchas piedras de la nada y no lo pudieron sacar, allí se quedó ese tesoro y ella sabe dónde está. Dice Doña Vicenta que por aquellos años hubo en La Paz una epidemia muy grande que murió mucha gente, las casas estaban con letreros, “En cuarentena”, fueron pocos los que se salvaron, ella entre ellos, que se vio muy grave, que todo el arte que ella sabía olvidó entre otras muchas cosas. Pero que gracias al Doctor Fernández que la curó, quien siempre venía acompañado de dos perros policías; a su hermano lo curó con veneno, le dio Estricnina, y éste se salvó; no quedó bien del todo, pero quedó vivo. Dice que gracias a Don Esteban Talamantes pudieron sobrevivir ya que les ayudó bastante. Lo recuerda con cariño y le está muy agradecida.

Doña Vicenta nació en San Pedro de la Presa el 19 de Junio de 1921; sus padres fueron Doña Benigna Vargas Higuera y Octaviano Higuera; creció al amparo de su abuelita Luisa, en su juventud trabajó en la tienda de Don Luis Gama donde vendían de todo. Se casó muy joven con el señor Martín Sánchez Cañedo quien trabajó en la Tenería Suela Viosca, procrearon 15 hijos y todos nacieron en su casa al estilo indio, con partera, todos nacieron muy sanos, de los cuales han fallecido tres, y viven gracias a Dios: Jesús, Andrés, Martín, Ventura, Manuel, Ezequiel, Guadalupe, Cecilio, Beatriz, Jorge, Bertha Alicia e Irma Isabel, los cuales le han dado muchos nietos y bisnietos que hasta la cuenta perdió. Doña Vicenta recuerda con nostalgia que su abuelita falleció casi a los 100 años de vejez.

Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…


*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*


LA PAZ QUE SE PERDIO
POR MANUELITA LIZARRAGA

“...SALUD SEÑOR PRESIDENTE...BENEMERITO DE LAS AMERICAS...LIC. PABLO BENITO JUAREZ GARCIA”.


·         21 de Marzo… 211 aniversario del natalicio del hombre más gigantesco que produjo nuestra historia de México…y que aún prevalecen sus beneficios.


            Don Benito Juarez, con su gobierno contribuyó a formar el espíritu de la nación mexicana. Es el símbolo de las leyes de reforma de 1857, y el alma de la resistencia durante la intervención francesa en México, logrando la victoria definitiva de los republicanos contra los imperialistas, conjurando todo peligro de amenaza europea. Don Benito Juarez García fue toda una institución de las leyes. El hombre de las luchas y las tempestades políticas, el hombre cumbre, que produjo el mundo después de nuestro señor Jesucristo, nació el 21 de marzo de 1806...exactamente durante el equinoccio de primavera, en el pueblo de Guelatao Oaxaca. Benito fue un humilde pastorcito que mientras cuidaba el rebaño hacía vibrar su flauta de carrizo inundando de notas musicales, montes y serranías de la Mixteca, templando su espíritu...debido a un incidente con las ovejas que estaban a su cuidado, se dirigió a Guanajuato y gracias y a la nobleza y apoyo de Don Antonio Zalanueva, a los doce años empezó a conocer el alfabeto. Su esfuerzo fructificó hasta recibirse como abogado...debido a su dedicación llegó a ser presidente del Tribunal Superior de Justicia de su Estado...posteriormente, fue gobernador, y luego presidente de la República. Su honestidad se comprobó, pues su fortuna consistía en 2,500 pesos. en una ocasión, durante una visita que hizo Benito Juarez al gobernador de Guanajuato, al otro día, muy temprano, solicitó a una sirvienta que le alcanzara un recipiente con agua para asearse la cara, y como ésta lo vio prietito de color firme y humilde, le contestó majaderamente voz tronante, ¡si quiere agua vaya y sáquela usted del pozo!...el presidente Benito Juarez se dirigió a donde se le mandó, sacó agua del pozo y se fue a su recamara y se aseó. Ya en la mesa, a la hora del desayuno, debido a su alta investidura le cedieron la cabecera de la mesa, y la sorpresa de la sirvienta fue mayúscula cuando el gobernador le ordenó que le sirviera primero al señor presidente. Ésta se soltó llorando  pidiéndole disculpas y Juarez con la sencillez que le caracterizaba le dijo que no tuviera cuidado.

Don Benito Juarez falleció el 18 de julio de 1872. Ante la tumba que se acababa de abrir todas las pasiones enmudecieron. El Ayuntamiento decretó un luto de siete días, la prensa guardó silencio. Al fondo del salón de embajadores, en un catafalco con su frac inevitable y la banda tricolor en el pecho, colocaron el cadáver del indio incansable que luchó por dejarnos las leyes de reforma, y reconstruyó el país poco a poco. La personalidad política del señor Juarez pertenece a la historia cuyo buril severo le asignará el lugar que de derecho le corresponde, siendo incuestionable que su recuerdo vivirá siempre en todos los mexicanos, por hallarse ligado con los de las épocas más importante de nuestra vida pública. No se vale que gente ignorante de nuestra historia de México, que van llegando al poder traten de manchar su memoria. Como buenos mexicanos, para gobernar el país se necesita tenerle mucho amor a la patria, para no dar pesos por centavos.






LA PAZ QUE SE PERDIO.
POR MANUELITA LIZARRAGA.

  • 1806 -  2017, AÑO DE JUAREZ… 211 AÑOS DE SU NATALICIO.

Poema escrito al festejar el bicentenario de su natalicio. Se respeta el texto original.

Por: Alfredo Cardona Peña.

Excelentísimo Señor Presidente,

Del carácter insobornable, de la fuerza en el día,
Prefecto del rigor, edecán de los limpios,
Gran caballero de la orden de los humildes;
Condecorado por el sol, que dio a tus facciones,
Una adusta grandeza de piedra resurgida.
Excelentísimo señor embajador,
Del espíritu de las leyes,
Que entregaste tus credenciales en las manos del pueblo
Y vigilaste el cumplimiento de lo que parecía intocable
Por los decretos que firmó la consciencia,
Por los mandatos que inspiró la mañana
SEÑOR MINISTRO DE LA RESTITUCION PÚBLICA,
Que pusiste en tu pecho la lágrima del pobre
Y no medallas fundidas en latín y amuletos marchitos.
Rector de la universidad de los dignos,
Que desconoces los nombramientos honoríficos
Cuando estos se fabrican de espaldas al decoro.
HONORABLE CUERPO DEMOCRATICO,
Señoras y señores en la fe de la historia:

Henos aquí celebrando el nacimiento
De quien no tiene muerte,
A los 200 años exactos
De su producción en la primavera,
Por que, señor presidente, según lo han confirmado
Horóscopos maduros y pájaros triunfales,
Naciste con la maduración de los frutos, y es simbólico
Tal advenimiento en la estación de las flores,
Cuando la tierra derrama su corazón a los humanos.

Haz que cierta poesía solitaria,
Maestra en la oscuridad,
Experta en el sutil enredo de la frase,
Abandone sus trajes de sombra,
Sus voces como gotas fríamente perfectas,
Y poniéndose el casco reservado a los himnos,
Cante llena de sol en el estadio
Donde la juventud eleva a tu memoria
Su competencia musical.

Naciste, como he dicho, en el día de primavera,
Más fue tu infancia un triste invierno sin vestido
En donde muchas veces, para subsistir en el cuerpo
Tuviste que llamar a las puertas más altas
Como los ciervos hacen con las últimas ramas.
De niño recibiste el beso de los crepúsculos
El orto fue tu ayo, tu madrina la tarde,
Pues como algunos reyes, que aparecen en el amarillo testamento,
Iniciados en las fuerzas Purísima de la soledad, fuiste pastor en los días risueños de la infancia,
Y es la primera imagen de tu historia una égloga
Que guarda entre la brisa su armonía inicial.
Como una comida que han enfriado las penas,
Fue tu primera juventud, a la sombra de la perseverancia.

Repetiste el drama del estudiante misérrimo,
Santificaste la voluntad cuando en la noche
Leías quemándote los ojos,
Leías buscando una luz que la vela te hurtaba,
Leías mientras otros compraban o reían.
Ah, señor presidente, nosotros no podemos olvidar
Aquellas horas de estudio sin fiesta,
En las que poco a poco fuiste viendo a tu patria
Como un dolor tendido extensamente,
O acaso como una doncella amenazada,
O un lindo cuento solo para algunos.

Te preocupaban los libros caros y la mesa,
La novia te dolía,
Por que eras una raíz envuelta en polvo
Y muchos años de desprecio subían como hiedras,
Por los duros reinados de tu sangre.
Eras el último de la calle,
Un indio, un gran silencio hecho de llama.
Pero,
Fuiste preparando con lentitud de alfarero una idea,
Fuiste profundizando en hombres y palabras
Y te casaste venciendo murallas,
Dejaste la provincia, madre caudal y sola
Y un día ciudadano, un día altivo,
Un día en un gran árbol transformado se abrió tu obra, al fin como una puerta,
De justicia labrada. Por ella entró la luz
Y la tiniebla huyó con su murciélago.
¿Cuál fue tu arma, padre desarmado?
Una más grande que la luz del día,
 Más poderosa que las acechanzas,
A cuyo nombre tiemblan los culpables,
Enmudecen puñales, torna el fiel a su punto:
LA LEY. Y EN ELLA EL PUEBLO.
El pueblo que fue escudo de tu brazo,
Rosa en tu fe sembrada.
Apretada en el puño, como un látigo de fulgores
La ley viajó contigo,
Ardió, fue construyendo su reforma,
Y a tal punto se hizo sustancial a tu alma
Que era tu ser, oh Juarez, LA LEY MISMA,
Vestida severísima y actuante.
En esa ley -o roca- en que vivías
Fue a estrellarse el imperio: sus espumas
Salpicaron las páginas de Europa.
Pero había pequeñas miserias,
Conspiraban hisopos y sortijas,
Y se lanzaron, Juarez incorrupto,
Sobre tu ideal innovador. No pudo
Aquella tempestad herir tu frente,
Por que eras un producto de muchos siglos,
Un fuego que apagado quemaba tu silencio.
El suelo estaba lleno de hojas podridas, de basuras crueles,
Y había que barrer el ancho piso
De tierra de tu patria,
Limpiar los miedos,  pintar las paredes,
Con un color que ya no fuera el negro;
Había que escribir constituciones,
Frases con sellos de águila, anti dogmas,
Y sobre todo, no cejar: herir el rayo y dominar la hora.
Entonces comenzó aquel largo viaje
De tu celo, y rodaste en un carruaje
Del que tiraba la jurisprudencia.
Atravesaste la noche de México,
Fuiste vigilia, gestión, esperanza
Y cuando el invasor se derrumbó, cuando tus normas
Fueron decoro público y las flores
Habitaron de nuevo las escuelas,
Surgió tu nombre como una alta cumbre,
Se hizo muchedumbre tu soledad
Y para siempre quedaste viviendo
En las festividades de tu pueblo.
Oh roca apasionada, estatua viva.
Oh impasibilidad sobre los montes.
Así te vemos hoy, y mientras pasa, la hora fugitiva, permaneces,
Y arde el silencio como un ángel puro,
En tu silla de bronce.
Desde esa silla, Juarez inmutable, vences, caminas, logras y construyes.
¡Salud excelentísimo señor!
Al pie de tu onomástico
Mares y lejanías te contemplan
Viendo como has crecido y cuanto has hecho. Te entregamos las llaves de América.
Te nombramos
Huésped de honor de las auroras libres.
Ven y preside el fallo de la historia
Como una encina un bosque de laureles.
Respetaremos como mexicanos,
La histórica y celebre  frase que nos legaste
“QUE EL PUEBLO Y EL GOBIERNO RESPETEN LOS DERECHOS DE TODOS. ENTRE LOS INDIVIDUOS, COMO ENTRE LAS NACIONES, EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ.”.
¡Salud señor presidente!...benemérito de las Américas.


…Por el placer de escribir…Recordar…Y compartir…


*Esta crónica fue publicada hace más de 15 años en el periódico sudcaliforniano, revista compás, en el programa de radio contacto directo XENT radio La Paz*